Exploran el uso de suplementos de omega-3 y omega-6 en la esclerosis múltiple

Una revisión exploratoria analiza la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados en personas con esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neurodegenerativa crónica, inflamatoria e inmunomediada caracterizada por desmielinización y neurodegeneración del sistema nervioso central, que puede producir diversas manifestaciones clínicas. Aunque las terapias modificadoras de la enfermedad han mejorado el manejo al reducir las recaídas y retrasar la progresión de la discapacidad, la EM sigue siendo incurable y la neurodegeneración progresiva solo se controla parcialmente.

 

En este contexto, una nueva revisión exploratoria tuvo como objetivo mapear y caracterizar sistemáticamente la evidencia disponible sobre la suplementación con omega-3, omega-6 y AGPI combinados en personas con EM.

 

Los estudios incluidos sobre suplementación con omega-6 en personas con esclerosis múltiple (EM) mostraron cambios biológicos reproducibles, como modificaciones en las propiedades de la membrana de los eritrocitos y, con dosis más altas, aumentos en las concentraciones circulantes de AGPI, pero los beneficios clínicos fueron modestos e inconsistentes.

 

En el nuevo estudio, la suplementación con omega-3 también produjo efectos biológicos reproducibles, incluyendo aumentos de EPA y DHA, modulación de vías inflamatorias y algunas mejoras en marcadores de estrés oxidativo y función de membrana. Sin embargo, estos efectos no se tradujeron de forma consistente en beneficios clínicos sobre recaídas, progresión de la discapacidad, lesiones en resonancia magnética, fatiga, actividad física, depresión o calidad de vida.

 

Omega-3 y omega-6 en esclerosis múltiple

 

De esta manera, los expertos sugieren que “la suplementación aislada con omega-6 fue biológicamente activa y generalmente bien tolerada, pero no aportó evidencia suficiente de una modificación clínicamente significativa de la enfermedad”.

 

“Las revisiones sistemáticas y los estudios primarios coinciden en que la evidencia actual no demuestra beneficios clínicos reproducibles, aunque mantiene la plausibilidad biológica de los omega-3 y señala la necesidad de ensayos más grandes, prolongados y metodológicamente estandarizados”, destacan los investigadores.

 

En este contexto, los ácidos grasos poliinsaturados (AGPI), especialmente los omega-3 y omega-6, han despertado interés como estrategia nutricional complementaria debido a su función estructural en las membranas neuronales y la mielina y a sus efectos sobre la inflamación y la respuesta inmunitaria. Sin embargo, la evidencia clínica sobre su suplementación en EM continúa siendo limitada e inconsistente.

 

La disponibilidad limitada de AGPI en la dieta y la elevada ingesta de omega-6 característica de las dietas occidentales dificultan alcanzar una exposición estandarizada mediante la alimentación habitual. Por ello, las formulaciones nutracéuticas permiten administrar dosis y composiciones definidas, facilitando la evaluación de dosis-respuesta y eficacia, además de poder mejorar la biodisponibilidad y reducir la variabilidad en la exposición.

 

A pesar del interés creciente, la literatura presenta una considerable heterogeneidad en las formulaciones, dosis, duración y estrategias de intervención, y actualmente no existen guías clínicas formales sobre suplementación con AGPI en la EM.

 

Las formulaciones combinadas de AGPI surgieron como una estrategia destinada a actuar simultáneamente sobre la neuroinflamación, el estrés oxidativo y la neurodegeneración mediante la combinación de omega-3, omega-6, otros intermediarios metabólicos y vitaminas antioxidantes.

 

“Los resultados son prometedores, pero insuficientes para establecer recomendaciones clínicas firmes, por lo que se requieren ensayos aleatorizados más amplios y bien diseñados antes de incorporar estas intervenciones a la práctica clínica habitual”, finalizan.

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