Identifican cientos de sustancias relacionadas con el cáncer de mama presentes en alimentos y bebidas

Un estudio detecta 462 sustancias consideradas relevantes para el cáncer de mama asociadas a productos de la dieta, aunque expertos españoles recalcan que los resultados no demuestran que su exposición cause la enfermedad
lunes, 28 de septiembre de 2026

Un estudio ha identificado 462 sustancias químicas consideradas potencialmente relevantes para el cáncer de mama presentes en alimentos y bebidas, dentro de un amplio análisis destinado a conocer las principales fuentes de exposición de la población a compuestos que podrían intervenir en el desarrollo de esta enfermedad.

 

El trabajo, publicado en Environmental Health Perspectives, parte de una lista de 921 sustancias químicas relacionadas potencialmente con el cáncer de mama elaborada previamente a partir de evidencias experimentales. Los investigadores han analizado ahora dónde pueden encontrarse esos compuestos, cuáles son sus posibles niveles de exposición y hasta qué punto existen datos de biomonitorización humana.

 

Los resultados sitúan a la dieta entre las principales fuentes potenciales de exposición. De las 921 sustancias estudiadas, 500 aparecen asociadas a productos de consumo habitual, 485 a pesticidas, 462 a alimentos y bebidas y 162 al agua potable.

 

La categoría dietética empleada por los investigadores es amplia. Incluye todo aquello que puede ingerirse mediante alimentos y bebidas —exceptuando el agua potable— y comprende ingredientes, aditivos, materiales en contacto con alimentos y residuos de pesticidas. Algunas sustancias también pueden generarse durante la cocción o llegar a los alimentos como consecuencia de contaminación por hongos.

 

Los expertos destacan el efecto combinado de las sustancias

 

Para Miguel Motas, profesor de Toxicología, en declaraciones a SMC, el trabajo tiene una relevancia especial por el volumen de información analizada y porque se aproxima a la exposición real de la población teniendo en cuenta no solamente los principios activos, sino también otras sustancias que forman parte de las formulaciones.

 

A su juicio, esta metodología permite considerar “el efecto mezcla” y pone el foco sobre sustancias cuya importancia podría estar siendo infravalorada. El experto considera que los resultados refuerzan la necesidad de mantener actualizados los programas de vigilancia, biomonitorización y evaluación toxicológica.

 

Los investigadores utilizaron diferentes bases de datos para identificar las posibles fuentes de exposición. En el apartado alimentario recurrieron, entre otras, a la información disponible sobre sustancias añadidas a los alimentos, incluyendo aditivos, colorantes, aromas y sustancias generalmente reconocidas como seguras (GRAS).

 

También incorporaron otros compuestos que pueden aparecer en los alimentos por diferentes vías. Entre ellos figuran sustancias producidas durante la cocción y las micotoxinas ocratoxina A y zearalenona, relacionadas con la contaminación fúngica de los alimentos.

 

El estudio recuerda asimismo investigaciones anteriores sobre materiales destinados a entrar en contacto con alimentos. Una de ellas había identificado 189 potenciales carcinógenos mamarios en materiales de envasado alimentario al cruzar la información sobre estos materiales con la lista de sustancias relevantes para el cáncer de mama.

 

El alcohol aparece en primer lugar en una de las estimaciones de exposición

 


Otro de los aspectos destacados por los expertos españoles se encuentra en las estimaciones sobre el grado de exposición de la población.

 

Según explica Alejandro Pérez Fidalgo, médico especialista en Oncología, los investigadores realizaron una modelización para estimar la exposición a los diferentes compuestos. Entre una selección de 50 sustancias, el etanol —el alcohol etílico presente en las bebidas alcohólicas— aparece como aquella con mayor exposición prevista. En esa relación aparecen también sustancias relacionadas con plásticos, pesticidas, productos de limpieza y medicamentos.

 

El especialista destaca que el estudio combina diferentes niveles de información: primero parte de las sustancias que experimentalmente podrían favorecer el cáncer de mama; posteriormente identifica sus posibles fuentes ambientales y cotidianas; y finalmente utiliza datos de biomonitorización para comprobar cuáles han sido detectadas en sangre u orina de la población.

 

Los datos de biomonitorización respaldan que existe una exposición extendida a algunas de ellas. El artículo identifica 17 analitos correspondientes a 21 sustancias genotóxicas y con actividad endocrina presentes en al menos el 90% de las muestras humanas analizadas. Entre ellas figuran metabolitos o marcadores relacionados con pesticidas organofosforados y carbamatos, ftalatos, sustancias químicas industriales y fitoestrógenos.

 

No obstante, los propios investigadores reconocen importantes lagunas: para la mayoría de las sustancias estudiadas no existen analitos disponibles en el programa de biomonitorización utilizado y, en algunos casos, ni siquiera se han desarrollado métodos capaces de medir de manera fiable la exposición humana.

 

Encontrarlas en alimentos no significa que provoquen cáncer

 

Esta es también la principal cautela planteada por los expertos españoles. Pérez Fidalgo recalca que detectar estos compuestos en el ambiente o incluso en la sangre no implica necesariamente que vayan a provocar cáncer de mama. La concentración a la que se produce la exposición y las características individuales son factores fundamentales.

 

Por ello, considera que los resultados no deben generar alarma. El estudio no demuestra directamente que las sustancias identificadas hayan causado casos de cáncer, sino que construye una hipótesis sobre posibles exposiciones que deberían estudiarse con mayor profundidad y que podrían ser objeto de medidas destinadas a reducirlas.

 

Motas apunta a una limitación similar: parte de la evidencia sobre cáncer procede necesariamente de datos toxicológicos obtenidos en animales, por lo que no puede establecerse una relación causal directa en seres humanos. A ello se suma que el nuevo trabajo utiliza modelos predictivos y bases de datos y que para determinadas sustancias no existen datos reales de biomonitorización humana.

 

Precisamente para orientar futuras investigaciones y posibles actuaciones, los autores han priorizado 39 sustancias atendiendo simultáneamente a su actividad biológica, su volumen de producción y las estimaciones de exposición de la población. El objetivo es que puedan recibir una mayor atención científica y se valore la adopción de medidas destinadas a disminuir la exposición.

 

Para los expertos españoles, esa es una de las principales aportaciones prácticas del trabajo: identificar exposiciones potencialmente relevantes que permitan orientar la investigación, reforzar la vigilancia y estudiar medidas de salud pública, sin interpretar los resultados como una demostración de que la presencia de una determinada sustancia en un alimento implique por sí misma un riesgo concreto de desarrollar cáncer de mama.

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